A todos nos va a llegar el día en que solo nos quede recapacitar sobre nuestras vidas, recordar… estaremos sentados con “la boca abierta al calor, como lagartos, medio ocultos tras un sombrero de esparto” y entonces haremos valoración de lo que hemos hecho o dejado de hacer, tomaremos conciencia de hasta que punto hemos sido protagonistas de nuestra vida y nos sentiremos orgullosos de unas cosas y avergonzados de otras, creo que en muchos casos nos sentiremos orgullosos de haber actuado de forma gratuita compartiendo y ayudando a los que nos rodean y no tanto cuando actuamos de forma deliberada y escondida para hacer daño o simplemente aparentar ser más que los demás.
Esto esta muy bien que ocurra, la única pega es que siempre ocurre al final de los días, cuando ya no tenemos tiempo, cuando no podemos rectificar y es amargo descubrir que no disponemos de una segunda oportunidad. Sería muy interesante que cada cierto tiempo nos sentáramos al sol o junto al fuego y repasáramos lo que hacemos con nuestra vida, tratando de descubrir si realmente nos satisface lo que nos viene a la memoria y si no nos gusta al menos tendremos la oportunidad de rectificar, creo que en muchos casos las cosas más sencillas son las que más nos reconfortarán. Tolkien escribió algo así:
Me siento junto al fuego y pienso
En todo lo que he visto
En flores silvestres y mariposas
De veranos que han sido
En hojas amarillas y telarañas
En otoños que fueron
La niebla en la mañana
El sol de plata
Y el viento en mis cabellos.